La violencia y el acoso en el mundo del trabajo constituyen una vulneración de derechos humanos y una amenaza para la igualdad de oportunidades, el trabajo decente y la autonomía económica de las mujeres, tal como reconoce expresamente el Convenio sobre la violencia y el acoso, 2019 (núm. 190) de la OIT y su Recomendación núm. 206, al señalar sus impactos sobre la salud, la dignidad y las posibilidades de acceso, permanencia y progreso en el empleo. La adopción de estos instrumentos constituye un hito histórico, en tanto establecen por primera vez a nivel internacional el derecho de toda persona a un mundo del trabajo libre de violencia y acoso en todas sus formas, incorporando un enfoque inclusivo, integrado y sensible al género.